Grabado láser en joyas: cómo funciona realmente

Después de muchos años grabando joyas, hay una cosa que tenemos clarísima:

Dos piezas aparentemente parecidas pueden entrar en la máquina con el mismo diseño... y decidir comportarse de manera completamente diferente.

Porque el láser tiene parámetros. Muchos parámetros.

El metal, en cambio, tiene personalidad propia.

Acero, plata, zamak, aluminio, dorados, aleaciones... cada material reacciona de una manera diferente. Y por eso una de las preguntas que recibimos con frecuencia tiene una respuesta que parece muy poco precisa, pero que en realidad es la más correcta:

“¿De qué color va a quedar exactamente el grabado?”

Depende.

Y no, no es que no queramos mojarnos.

En este artículo vamos a intentar explicar de forma sencilla qué ocurre realmente cuando un láser se encuentra con una joya, por qué algunos grabados quedan negros, otros claros o plateados y algunos pueden incluso adquirir tonalidades más cálidas.

También veremos qué sucede cuando queremos convertir una fotografía llena de luces, sombras y pequeños detalles en un recuerdo grabado sobre una pieza de apenas unos centímetros.

El láser no imprime: hace reaccionar al material

Lo primero que debemos entender es que una máquina de grabado láser no funciona como una impresora.

No tenemos un cartucho de tinta negra, otro gris y otro blanco esperando pacientemente su turno.

El grabado láser en metal se consigue haciendo actuar el haz del láser directamente sobre la superficie de la pieza. Dependiendo de los parámetros utilizados y del propio material, esa interacción produce un determinado marcado.

Y aquí comienza la diversión.

Porque en el resultado pueden influir el tipo de metal, la composición de la aleación, el acabado superficial, la potencia utilizada, la velocidad, el enfoque y, por supuesto, las características del propio diseño.

Por eso no podemos tratar exactamente igual una inicial enorme que una fecha diminuta, ni una fotografía que un nombre.

El objetivo no consiste simplemente en conseguir que el láser “marque”.

Hay que conseguir que marque bien.

La pregunta del millón: ¿de qué color quedará mi grabado?

Nos encantaría poder responder algo así:

“Su grabado quedará exactamente en Pantone 428 C”.

Pero no.

El láser no aplica un color sobre la joya. El tono que vemos es consecuencia de cómo ha reaccionado la superficie durante el proceso.

Por eso un grabado láser en joyas puede presentar un aspecto negro, gris, plateado, claro o incluso una tonalidad algo más cálida.

Y aquí aparece otro detalle importante: dos piezas que visualmente parecen similares no tienen por qué tener exactamente la misma composición.

Especialmente cuando hablamos de aleaciones.

El maravilloso mundo de las aleaciones

También conocido en nuestro taller como:

“Vamos a ver qué secretos escondes ahí dentro”.

Una joya puede presentar un precioso acabado plateado o dorado por fuera y, sin embargo, estar fabricada con una combinación de distintos metales.

Cuando el láser actúa sobre esa superficie, la composición de la pieza influye en el resultado.

Por ejemplo, determinadas aleaciones con presencia importante de cobre pueden producir un marcado con tonalidades más cálidas o ligeramente anaranjadas.

No significa que el láser haya decidido convertirse en una impresora de color durante cinco minutos.

Simplemente estamos viendo la reacción del material.

Por eso, cuando hablamos de grabado láser en joyas personalizadas, podemos anticipar el tipo de resultado que buscamos, pero no garantizar un tono cromático exacto como si estuviéramos eligiendo una pintura.

Mismo láser, diferentes materiales

Y como una imagen vale más que veinte párrafos explicando aleaciones, aquí podemos ver algunos ejemplos reales.

Grabado negro en acero

El acero permite conseguir grabados oscuros con muchísimo contraste en determinadas piezas y diseños.

Grabado láser negro en acero

Grabado claro sobre acero negro

Cuando trabajamos sobre determinadas piezas con acabado negro, el láser puede retirar o modificar la capa superficial y dejar visible un marcado claro que contrasta muchísimo con el fondo.

Grabado claro con láser sobre acero negro

Grabado sobre plata de ley

La plata ofrece un resultado diferente. El marcado puede apreciarse más claro, grisáceo o plateado dependiendo del proceso utilizado y del acabado de la propia joya.

Grabado láser en plata de ley

Grabado sobre zamak

El zamak vuelve a ofrecernos otra respuesta diferente al láser.

Y empieza a quedar bastante claro por qué hablar simplemente de “grabado blanco” o “grabado negro” puede resultar demasiado simplista.

Grabado láser en zamak

Grabado claro en piezas doradas

También podemos conseguir un contraste claro sobre determinadas superficies doradas. Una vez más, el resultado dependerá del material y del acabado de la pieza.

Grabado claro con láser en pieza dorada

Grabado en aluminio

El aluminio tiene sus propias características y puede proporcionar resultados muy definidos cuando el tipo de pieza y el diseño son adecuados.

Grabado láser en aluminio

¿Y qué ocurre con otras aleaciones?

Pues que volvemos al emocionante juego de descubrir qué metales forman realmente esa pieza.

Ejemplo de grabado láser en aleaciones metálicas

Como vemos en los ejemplos, el material tiene mucho que decir en el resultado final.

Grabado claro o grabado negro: no siempre es una decisión estética

Esta es otra cuestión importante.

Podríamos pensar:

“Pues yo lo quiero negro porque se ve más”.

Y en determinados diseños y materiales, perfecto.

Pero no siempre es técnicamente la mejor opción, ni es posible según el material.

Para conseguir algunos grabados negros intensos es necesario trabajar con parámetros más fuertes y, dependiendo del material, realizar varias pasadas.

¿Qué ocurre entonces?

La pieza puede quemarse o deformarse y el trazo puede ir engrosándose.

Y si estamos grabando unas iniciales grandes, probablemente no suponga ningún problema.

Pero imaginemos una fecha minúscula, una frase o un dibujo lleno de líneas diminutas.

Ahí cada décima de milímetro empieza a tener importancia.

Un grabado más claro y fino puede permitir conservar mucho mejor la definición y la legibilidad, sin poner en peligro la joya.

Por eso el tipo de marcado se adapta al material, tamaño de la pieza y al diseño solicitado. No siempre el acabado que más destaca es el que ofrece el mejor resultado.

¿Quieres ver la diferencia en acción?

En este vídeo puedes ver un ejemplo muy claro utilizando dos llaveros puzzle de acero: uno plateado y otro con acabado negro.

En la pieza plateada buscamos conseguir un grabado negro intenso. Durante el proceso puede verse cómo el láser trabaja de forma mucho más agresiva sobre la superficie, hasta el punto de producir numerosas chispas, porque la potencia utilizada es muy alta, (de hecho, no podemos tocarla hasta pasados unos minutos).

En cambio, al grabar la pieza negra buscamos un marcado claro. El láser pasa de una forma mucho más suave sobre la superficie, prácticamente sin producir chispas, porque se usa una potencia muy baja y va dejando visible el diseño claro sobre el fondo negro.

Dos piezas, dos acabados y dos formas completamente diferentes de trabajar con el mismo láser.

Cuando queremos grabar una fotografía, la cosa se pone interesante

Una fotografía juega en otra liga.

Tenemos luces, sombras, cabellos, ojos, ropa, fondos, texturas y, en ocasiones, al primo Manolo apareciendo medio cortado por detrás.

Y todo eso tiene que terminar convertido en información que el láser pueda reproducir sobre una superficie metálica.

Por eso no solemos coger una fotografía, enviarla directamente a la máquina y pulsar START esperando un milagro.

Antes hay que prepararla.

En un grabado láser de fotos podemos necesitar ajustar iluminación y contraste, mejorar determinados detalles, eliminar el fondo o simplificar zonas que no aportarían nada al resultado final.

El objetivo es conservar aquello que realmente hace reconocible la fotografía.

De una fotografía a un diseño preparado para grabar

Estos ejemplos muestran perfectamente el proceso.

Partimos de una fotografía convencional y la transformamos en una imagen preparada específicamente para trabajar con láser.

Proceso de preparación de una fotografía para grabado láser

En otras ocasiones podemos trabajar con personas, mascotas o fotografías que necesitan una preparación diferente:

Fotografía preparada para grabar sobre una joya

Este tratamiento previo permite controlar mucho mejor qué información llegará finalmente a la superficie de la joya.

Porque aquí vuelve a aparecer nuestra vieja amiga:

La diferencia entre lo que vemos enorme en una pantalla y lo que realmente podemos reproducir sobre unos pocos centímetros de metal.

¿Por qué matizamos algunas joyas antes de grabar una fotografía?

Aquí viene una parte del proceso que probablemente mucha gente desconoce.

En determinados grabados fotográficos obtenemos un resultado mucho mejor si antes matizamos la zona de la joya donde irá la imagen.

Realizamos un suave barrido sobre la superficie para reducir el brillo y crear un fondo más claro y uniforme.

¿Para qué?

Para ayudar a representar las zonas blancas y muy luminosas de la fotografía.

Sobre una superficie metálica muy brillante, una zona sin grabar simplemente reflejaría el propio color del metal y todo lo que tenga alrededor.

Al matizarla conseguimos que esas zonas claras adquieran visualmente un aspecto más próximo al blanco y que exista mayor contraste con las partes oscuras.

Eso permite reproducir mejor las luces, sombras y detalles de la fotografía.

Y no: tampoco tenemos un diminuto bote de pintura blanca escondido detrás de la máquina.

Todo se consigue trabajando sobre la propia superficie del material.

Una buena fotografía ayuda. Mucho.

Aunque podemos trabajar con fotografías antiguas o imágenes que no sean perfectas, siempre recomendamos enviar el archivo original y con la mayor calidad posible.

Una imagen enfocada, bien iluminada y donde los rostros sean visibles nos proporciona mucha más información para trabajar.

Las capturas de pantalla, fotografías hechas a otra fotografía, imágenes recibidas veinte veces por WhatsApp o fotos donde la persona ocupa aproximadamente el tamaño de una hormiga... nos obligan a hacer algo más de magia de la recomendable.

Eso no significa que una fotografía antigua no pueda quedar preciosa.

Muchas veces puede recuperarse y prepararse perfectamente.

Simplemente, cuanto mejor sea el punto de partida, más posibilidades tendremos de conseguir un buen grabado de fotografías.

Photoshop es maravilloso. El metal tiene otros planes.

Internet y las herramientas de diseño nos permiten crear simulaciones espectaculares.

Cogemos una fotografía perfecta de una joya, colocamos encima un texto, una imagen o un escudo y obtenemos en segundos una representación impecable.

Todo centrado.

Todo negro.

Todo nítido.

Todo maravilloso.

Y además podemos ampliar la imagen hasta que una chapa de dos centímetros ocupe media pantalla.

El problema aparece cuando recordamos que el objeto real sigue midiendo dos centímetros.

Las simulaciones digitales son muy útiles para enseñar la posición, distribución y aspecto general de un diseño.

Pero una imagen digital y un grabado físico son dos cosas diferentes.

El metal tiene textura, reflejos, pequeñas variaciones superficiales y una determinada composición. El láser tiene que trabajar con todo eso.

Por eso una simulación debe entenderse como una referencia del diseño y no como una reproducción microscópicamente exacta del resultado final.

La lupa de 40 aumentos vuelve a atacar

Y aquí recuperamos otro fenómeno fascinante de la joyería personalizada.

Una pieza terminada puede verse perfectamente a simple vista.

Entonces hacemos una fotografía.

La abrimos en el ordenador.

Ampliamos.

Volvemos a ampliar.

Y otra vez.

De repente descubrimos una mota, una línea ligeramente diferente o un punto diminuto que en la joya real prácticamente necesitaríamos localizar con coordenadas GPS.

Esto ocurre porque una fotografía macro nos permite observar una pieza pequeña a un tamaño para el que nunca fue diseñada.

Y precisamente sobre esta curiosa diferencia entre pantalla y realidad ya hablamos largo y tendido —y con algún trauma tipográfico de por medio— en nuestro artículo:

Si cabe en la pantalla, ¿cabe en la joya?

Allí explicamos por qué meter una frase interminable en una joya diminuta puede acabar convirtiendo al grabador en cirujano tipográfico y superviviente emocional.

Entonces... ¿qué podemos esperar de un buen grabado?

Un buen grabado láser personalizado no consiste en obligar a todos los materiales a producir exactamente el mismo resultado.

Consiste en entender cómo se comporta cada pieza y adaptar el trabajo para conseguir el mejor equilibrio posible entre definición, contraste, legibilidad y estética.

A veces eso significa utilizar un grabado negro.

Otras veces, un marcado claro y fino.

En una fotografía puede significar preparar previamente la imagen, eliminar el fondo y matizar la superficie.

Y en un diseño demasiado complejo puede significar recomendar quitar algún elemento antes de intentar meter media Biblioteca Nacional en un gemelo.

La experiencia consiste precisamente en saber cuándo hacer cada cosa.

Cada joya es diferente

Y probablemente esa sea la idea más importante de todo este artículo.

Cuando realizamos un grabado láser en joyas personalizadas, trabajamos sobre un objeto físico.

No sobre una pantalla blanca perfecta.

El material, la composición, el acabado, el tamaño y el propio diseño forman parte del resultado.

Por eso cada trabajo necesita ser valorado y preparado individualmente.

Y precisamente ahí está también parte de la gracia de una joya personalizada: no sale de una impresora en serie. Se prepara para una persona concreta y para conservar algo que, normalmente, significa mucho para ella.

¿Quieres saber más sobre nuestros grabados?

Si después de todo esto te ha entrado curiosidad por conocer con más detalle cómo trabajamos, qué fotografías recomendamos, qué ocurre con los diseños complejos o qué diferencias existen entre los distintos tipos de marcado, hemos preparado una página específica con toda la información.

TODO SOBRE EL GRABADO LÁSER

Y si quieres preparar tu propio texto, probar tipografías o comprobar cómo distribuir una personalización antes de hacer el pedido, también puedes utilizar nuestro diseñador:

DISEÑADOR DE GRABADOS

Eso sí, después de utilizarlo recuerda nuestra regla de oro:

Que algo quepa en la pantalla no significa necesariamente que debamos intentar grabarlo en una lenteja.

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